Este lugar fue asentamiento de los nahoas en la época prehispánica. Desde principios del siglo pasado inició como un municipio pionero en la modernización agrícola construyendose una red de canales para aprovechar las aguas del río Mocorito y regar el extenso valle sembrado de garbanzo y demás cultivos para la exportación. Tiene un litoral de aproximadamente 80 kilómetros y en su costa bañada por el golfo de California hay dos bahías consideradas entre las más productivas del país: La Playa Colorada y Bahía de Santa María-La Reforma, que juntas suman un total de 53 mil hectáreas inundadas de aguas y 153 islotes donde habitan 303 especies de aves endémicas y migratorias. Entre estas islas destacan la de Saliaca, Tachichilte, la Garrapata, El Mero y Altamura, esta última esta formada por una basta franja de dunas de arena que simulan una montaña entre el mar y el sistema lagunar. En una de las islas, El Rancho, anida en masa el tan buscado pájaro bobo “patas azules” Y en medio de este enorme embalse de agua emerge un islote de arena blanca que los nativos llaman “la coyotía”. Este diminuto sitio fue un centro ceremonial cahíta donde los indígenas se reunían para invocar a sus dioses. De este pasado solo quedan restos de cerámica y fósiles de conchas que las corrientes arrastraron durante miles de años. En este lugar se puede saborear la gastronomía marina, por ser un criadero natural de especies de escama fina y mariscos como el callo de hacha, ostión, almeja y la jaiba.