San Juan Es una de las villas que más conserva el rostro rural del municipio de San Ignacio, y se localiza a 14 kilómetros de la cabecera municipal sobre un camino de terracería que transcurre entre lomas y cañadas que anuncian el accidentado relieve de la Sierra Madre. Hasta antes de la colonización española fue un asentamiento prehispánico habitado por grupos étnicos xiximes y durante los viajes de exploración en busca de minerales por la Sierra Madre Occidental, fue refundado por los misioneros jesuitas que dirigía el Padre Diego González de Cueto allá por el año 1633. Actualmente San Juan es un poblado con casas construidas desde el fin del siglo XIX y por ser el más apartado de las villas formadas por la congregación jesuítica en la tercera década del siglo XVII, conserva con más pureza su arquitectura colonial. El visitante encontrará al entrar al poblado, el templo construido por las misiones evangelizadores y desde que empiezan sus caminos empedrados, se observan casas de teja y casonas con amplios jardines y corredores donde sus residentes acostumbran la tradicional siesta muy común en la sociedad rural con reminiscencias españolas. En pleno centro se encuentra la plaza del lugar con un kiosco rodeado de jardines y bancas que son el centro de convivencia y socialización más importante de la comunidad. Alrededor de la plazuela y sobre los callejones adyacentes, se observa un conjunto de casas que son ejemplo de la arquitectura rural de San Ignacio. Algunas de las fachadas de las viejas casonas se adornan con higueras o ceibas que semejan ancianos contemplando ese paisaje de abandono y soledad que se respira en los pueblos de la sierra. A San Juan lo atraviesa una calle central que al salir del pueblo, es el camino rústico que lleva hasta el Cerro de Los Frayles, un conjunto de tres picachos cuya elevación alcanza los mil 700 metros sobre el nivel del mar y es por consiguiente la montaña más alta de la Sierra Madre Occidental en el Estado de Sinaloa Este emblemático lugar de San Ignacio está siendo visitado por excursionistas nacionales y extranjeros que suben a lomo de caballo desde San Juan, atravesando arroyos, desfiladeros y empinados parajes